El concepto de estabilidad es muy importante en la genética de cannabis, y se relaciona con cuan previsible es el fenotipo (aspecto exterior) de una variedad en particular. En cambio, una cepa es más inestable cuando podemos predecir menos como será la planta.

Para los breeders de los bancos de semillas, es importante tener cepas estables para así asegurarse de que sus clientes obtendrán plantas similares y con las características que les han dado de antemano.

Landarces o puras: variedades autónomas que nunca han sido cruzadas con otras, y forman parte de las 3 grandes familias del cannabis (Índica, Sativa y Rudelaris). Ejemplos de estas cepas son Ketama de Marruecos o Durban de Sudáfrica.

IBL o In-bred line: resulta del cruce entre variedades con genotipos casi idénticos, por lo que es altamente estable. Usualmente es utilizado para fijar rasgos deseables de una variedad específica sin usar otra diferente, y es resultado de inmenso trabajo.

F1: híbrido de primera generación que se genera partir del cruce de dos variedades diferentes, cada una con su genotipo particular. La generación que sigue después de un cruce entre dos F1, se llamará F2 y así sucesivamente (F3, F4, etc). Este proceso se realiza hasta encontrar una descendencia uniforme.

Polihíbridos: son el resultado de un cruce entre dos híbridos diferentes, que suele generar descendencias bastante heterogéneas (plantas con diferencias notables entre sí). La mayoría de las semillas del mercado corresponden a esta categoría menos estable.

¿Has cultivado más de una vez la misma variedad de cannabis? Si lo has hecho, seguramente notaste que a pesar de ser la misma, ésta puede tener aspecto, producción de resina e incluso sabores diferentes. Este fenómeno se conoce como VARIABILIDAD GENÉTICA, y puede ser un problema para los criadores comerciales que apuntan a la consistencia de los cultivos de sus clientes.

Sin embargo, existen técnicas para lograr más consistencia y estabilidad genética. Una de ellas es el RETROCRUZAMIENTO o BACKCROSS, y consiste en el cruce de la descendencia con uno de los genotipos parentales originales hasta dar con el resultado deseado. En otras palabras, es la polinización de una generación con otra anterior, comúnmente la planta madre.

A través del retrocruzamiento se busca fijar uno de los rasgos de la variedad, fortaleciendo dicho gen. De esta forma, también criadores aficionados pueden preservar sus variedades favoritas!

Fuente: https://bit.ly/30mj3sk https://bit.ly/30mj3sk

El proceso mediante el cual una planta madre es polinizada por ella misma se llama AUTOPOLINIZACIÓN. En este proceso, los breeders inducen a la planta hembra a producir flores masculinas, para así obtener polen. Éste último es el que utilizan para polinizar a las mismas plantas femeninas o en clones.

El polen producido por la flor macho inducida es 100% hembra, asegurando que el resultado será una semilla FEMINIZADA. Ésta última recibe el nombre #S1 y poseerá rasgos muy similares a los de la madre, además de ser siempre hembras: recordemos que es una planta que desciende de dos hembras, sin cromosomas masculinos.

Para hacer este proceso en casa, se recomienda hacer dos equejes de la planta que deseas autopolinizar. Uno de ellos será para obtener el polen y el otro esqueje para polinizar, así evitar la inseminación accidental de otras plantas.

Para inducir a una planta hembra a producir flores masculinas, en el paso anterior a la autopolinización, existen dos procesos posibles: rodelización o con plata coloidal. En próximos posts compartiremos información sobre estos dos conceptos con ustedes!